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domingo, 3 de febrero de 2019

STRESS: DISMINUYE EL TAMAÑO DEL CEREBRO Y SE PIERDE MEMORIA

Las personas que padecen estrés tienen elevadas concentraciones de cortisol en sangre, una situación que si se mantiene en el tiempo puede provocar la reducción del cerebro y un peor desempeño cognitivo.



El estrés provoca la segregación de una hormona, el cortisol, que hace que el organismo se ponga alerta y pueda solventar la crisis que lo ha provocado. Los niveles de esta hormona descienden después del episodio estresante, pero si esas situaciones de miedo, agobio o peligro se dan de manera muy habitual los niveles de cortisol en sangre permanecen elevados, lo que puede provocar dolores de cabeza, ansiedad, depresión, insomnio, reducción de la masa cerebral y pérdida de memoria.
Esta ha sido la principal conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la University of Texas Health Science Center de San Antonio (EE.UU.), cuyo estudio se ha publicado en la revista Neurology. En él se analizaron los datos cognitivos de 2.231 personas de 48,5 años de media, que no presentaban ningún síntoma de demencia, y que fueron sometidos a pruebas cognitivas de razonamiento abstracto, memoria, percepción visual, función ejecutiva y atención. A 2.018 de los participantes también les realizaron una resonancia magnética cerebral para conocer el volumen total de este órgano. Después de ocho años se les volvieron a repetir todas las pruebas.
El cortisol daña las conexiones entre los dos hemisferios cerebrales, lo que reduce el volumen del cerebro y causa problemas de memoria 
Los resultados obtenidos avalan los de publicaciones anteriores que asociaban estrés y deterioro cognitivo, pero en este caso han ido más allá, pues han demostrado que las personas de mediana edad que estaban estresadas, y que por lo tanto tenían altos niveles de cortisol en la sangre, obtenían peores resultados en las pruebas de memoria y de percepción visual, además de presentar volúmenes cerebrales inferiores a los participantes con niveles más bajos de esta hormona.


El cortisol, según el estudio, podría causar daños en las zonas del cerebro que se encargan de transmitir información entre los dos hemisferios, por lo que sus autores recomiendan practicar ejercicio físico y meditación, dormir lo suficiente y aprender a controlar el estrés para prevenir el desarrollo de problemas cerebrales y la aparición de demencia en el futuro.

                            Las mujeres, más afectadas por el estrés

Los investigadores se sorprendieron al ver que los problemas descritos que se producían a consecuencia del estrés eran más acusados en el caso de las mujeres. Según la explicación del Dr. Richard Isaacson, del Weill Cornell Medicine Hospital, esto se debe a que los estrógenos u hormonas femeninas hacen que se incremente el nivel de cortisol en el organismo, a lo que también se añade que el 40% de las mujeres que participaron en el estudio estaban siguiendo un tratamiento hormonal.
Artículo de Natalia Castejón

martes, 22 de enero de 2019

TOMAR OMEGA 3 EN EL EMBARAZO MEJORA LA FLORA INTESTINAL DEL BEBÉ

Una mayor ingesta de grasas omega 3 durante el embarazo y la lactancia podría favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino del bebé y contribuir a que mantenga un peso saludable.





La alimentación durante el embarazo es importante para la salud de la madre y el feto pero, además, el tipo de alimentos que incluye la dieta de la embarazada también puede afectar a la composición de la flora intestinal de los descendientes, y un nuevo estudio que se acaba de publicar en Microbiome, ha revelado que el consumo de omega 3 durante la gestación puede contribuir a mejorar la microbiota del bebé.
Los autores del estudio, investigadores del Hospital General de Massachusetts (EE.UU.) y del University College Cork (Irlanda), han descubierto que un adecuado equilibrio entre el consumo de grasas omega 3 y omega 6, con una mayor ingesta de las segundas, tanto durante el embarazo, como durante la lactancia, puede contribuir a que los hijos mantengan un peso saludable, así como favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas en su intestino y que sus órganos digestivos estén más sanos.
La investigación se realizó con ratones transgénicos que habían sido modificados para producir grasas omega 3 de forma natural –a diferencia de otros mamíferos como los seres humanos que necesitamos obtener estas grasas de los alimentos–, a los que compararon con otros ratones que no podían producirlas. A todos los animales se les administró la misma dieta, y únicamente se diferenciaban por los niveles de omega 3  en el tejido corporal.
Las crías que descendían o habían sido amamantadas por hembras con mayores niveles de grasas omega 3 tenían una microbiota intestinal más saludable
Se observó que los órganos de los descendientes de las hembras que tenían más grasas omega 6 en el cuerpo durante el embarazo o la lactancia eran más permeables, es decir, que la barrera de las células intestinales era más porosa –lo que conllevó el incremento de una sustancia química inflamatoria denominada proteína de unión a lipolisacáridos–, y que además presentaban una mayor cantidad de bacterias menos saludables en el intestino.

Las grasas omega 3 pueden ayudar a prevenir la obesidad

Por el contrario, las crías que descendían o habían sido amamantadas por hembras con mayores niveles de grasas omega 3 en su organismo tenían una microbiota intestinal y un intestino más sano. Además, se comprobó que la presencia de las grasas beneficiosas en la leche materna tenía un efecto incluso mayor sobre las crías, de forma que las que fueron amamantadas por las ratonas transgénicas tenían una ratio significativamente menor de grasas omega 6/omega 3 que las alimentadas por hembras normales.
Respecto al peso de las crías, era similar cuando fueron destetados, pero tras tres meses siguiendo una dieta alta en grasas, los ratones macho alimentados por las hembras que no habían sido modificadas genéticamente engordaron más que aquellos que, pese a ser descendientes de estas, habían sido amamantados por las que tenían más omega 3 en el organismo. Esta diferencia en la ganancia de peso no se apreció en el caso de las crías hembra.
Como ha explicado Jing X. Kang, profesor asociado de Medicina en la Harvard Medical School, y uno de los autores del estudio, sus hallazgos sugieren que un mayor consumo de grasas omega 3 (que contienen alimentos como el pescado azul, algunas semillas, o las nueces), y menor de omega 6, durante el embarazo y la lactancia, puede ser beneficioso para la flora intestinal de los hijos y ayudar a prevenir la obesidad infantil, por lo que es necesario realizar nuevos estudios con el objetivo de intervenir sobre esta microbiota, cuya composición se sabe que puede tener un gran impacto sobre la obesidad.

miércoles, 9 de enero de 2019

Y TRAS LOS EXCESOS NAVIDEÑOS, ¡DEPURACIÓN!

La salud está en nuestras manos. Todo lo que hagamos o dejemos de hacer tanto con respecto a la alimentación como con respecto a nuestros hábitos diarios va a repercutir en nuestro estado de salud. La salud es una sumación de actos que nosotros hacemos con nuestro cuerpo que de una forma u otra redundan en su normal o anormal funcionamiento. Estos días de Navidad quien más o quien menos ha trasgredido lo que siempre estamos diciendo sobre dieta mediterránea, ejercicio, descanso... Esto comporta que hemos de enmendarnos para volver a la senda de la salud.

El haber comido en exceso alimentos generalmente no muy recomendados, como grasas saturadas, exceso de hidratos de carbono refinados, exceso de proteína animal, abuso de bebidas alcohólicas, alteración del ritmo del sueño.... ha significado para nuestro cuerpo un acúmulo de toxinas y de residuos metabólicos y un bloqueo de las vías naturales de eliminación de las mismas. Hay cinco emuntorios naturales en nuestro cuerpo:
  • la piel
  • vías respiratorias
  • vía intestinal
  • el binomio hígado-vesícula biliar
  • el binomio riñón-vejiga

Nuestro organismo introduce por vía digestiva alimentos. De estos va a aprovechar gran parte de sus principios activos, pero una pequeña parte de ellos han de ser eliminados además de los restos metabólicos que supone el procesado de los principios activos de los cuales nos estamos aprovechando. Estos residuos deben ser eliminados en nuestro organismo porque sino acaban interfiriendo la normal función de todas y cada una de las células de nuestro cuerpo. 

Siempre hago la comparación de la célula con un oficinista. Si un oficinista está trabajando en un habitáculo agradable con temperatura estable, con música armónica, en buenas condiciones, va a rendir y producir más. En cambio si el entorno en el que tiene que trabajar esta persona no es agradable, tiene malos olores, frío, basura y hay ruido, no se concentra en su trabajo y disminuye su rendimiento. Todas y cada una de nuestras células están flotando en líquido, están rodeadas por el espacio intersticial, que es estado líquido y en él se desarrollan los intercambios metabólicos que se necesitan para su subsistencia, es decir, en ese espacio fundamental, la célula suelta sus deshechos y de ese espacio capta el oxígeno, los minerales, vitaminas y nutrientes esenciales que precisa para sus funciones. Si ese entorno medioambiental de la célula es hostil, está lleno de residuos metabólicos porque no se drenan, porque no se pueden eliminar, esta célula va a estar "ahogada", no le va a llegar correctamente los nutrientes, ni el oxígeno que precisa para su actividad. Esto implica que esa célula no va a realizar las funciones que tiene que realizar de forma correcta y va a haber una deficiencia de rendimiento, que esto repercute en el órgano en el cual está. Si es una célula hepática va a haber una mala función hepática, si es una neurona va a haber una mala función de sistema nervioso central, si es una célula de vías respiratorias habrá problemas respiratorios, etc, etc,. Por eso es fundamental que el espacio que rodea a todas y cada una de las células esté en las mejores condiciones posibles. Ese es uno de los secretos de la salud.

¿Cómo conseguimos mantener el espacio intersticial limpio? primero no metiendo toxicidad. y segundo limpiando la toxicidad acumulada. Para conseguirlo hay que activar fundamentalmente la depuración o limpieza hepática y renal, además de lo que podamos eliminar por la piel a través de una sudoración gracias al ejercicio físico.

Para ello planteamos en Centro Médico y Fisioterapia Naturalia  el siguiente tratamiento de base, necesario antes de comenzar cualquier tipo de dieta y cuya duración sería aproximadamente de un mes:
  • en primer lugar pauta de alimentación depurativa,
  • infusión de plantas depurativas junto con un preparado específico para activar la función renal antes de las tres comidas principales,
  • infusión de plantas digestivas y hepáticas junto con otro preparado específico para activar las funciones del hígado después de las tres comidas principales,
  • sauna o Photón platino para activar la depuración por vía cutánea y
  • semillas de lino para regular la función intestinal.
Esto es básico previo al comienzo de cualquier tratamiento específico para cualquier patología. Una persona que se plantee adelgazar, si optimiza y regula el funcionamiento de su cuerpo le va a costar mucho menos el perder peso y esa pérdida de peso va a ser más duradera en el tiempo. Y una persona con problemas de depresión o de nervios en general, responderá mejor al tratamiento si previamente ha realizado una depuración, una puesta a punto de su organismo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

FILTRO QUE AYUDA AL CUERPO A DEPURAR LA CONTAMINACIÓN MEDIOAMBIENTAL

La pasada semana pusimos el post acerca de cómo la contaminación por fitosanitarios y medioambiental perjudica al sistema nervioso. Hoy vamos a poner uno de los filtros anticontaminación que nos puede ayudar a combatir este acúmulo tóxico. Es un artículo de Tener Salud muy bueno sobre la vitamina B.





Si usted vive en una ciudad o cerca de un eje de circulación importante, con mucho tráfico, es casi seguro que necesita tomar un complejo de vitaminas del grupo B. 

Esta es la conclusión principal que va a extraer del Tener S@lud de hoy, tal y como a continuación verá con más detalle. 

Y es que recientes investigaciones apuntan que, además de importantes para el cerebro y la salud mental, las vitaminas del grupo B pueden resultar útiles para protegerse contra la contaminación del aire, en especial la provocada por partículas finas. (1) 


Sólo el 8% de los seres humanos en el mundo respira un aire que podría considerarse “puro”, de acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en 2016 y correspondiente a sus propios criterios de seguridad en materia de contaminación. 

Y, de hecho, más de un fallecimiento de cada diez se debe a la contaminación del aire; ya sea por sus efectos sobre el sistema cardíaco, por cáncer o por problemas respiratorios o pulmonares. (2) 

En definitiva, el aire contaminado puede dañar gravemente los pulmones, el corazón y muchos otros órganos. Y entre los contaminantes más peligrosos se cuentan las partículas finas, a pesar de que su grosor sea tan ínfimo como la trigésima parte de un cabello.

Un nutriente eficaz frente a las partículas finas

Hace unos años se realizó un estudió muy llamativo sobre los beneficios de las vitaminas del grupo B frente a la contaminación. Es cierto que se realizó sobre una pequeña muestra de 10 voluntarios, pero los resultados son muy llamativos. 

Los voluntarios debían respirar durante dos horas aire contaminado (similar al que podría hallarse en una capital como Madrid o París, por ejemplo). 

Y asimismo antes de realizar la prueba, los participantes habían estado tomando unas dosis diarias muy altas de tres vitaminas B (2,5 mg de ácido fólico -la forma sintética de la vitamina B9-, 50 mg de vitamina B6 y 1 mg de vitamina B12) durante cuatro semanas. 

Los resultados de esa investigación permitieron constatar “una desaparición casi total de los efectos nefastos de la contaminación” sobre las células, las mitocondrias y el ADN de los participantes, de acuerdo con el director del estudio, Jia Zhong, de la Escuela de Salud Pública de Harvard. (3)

Las vitaminas del grupo B, ignoradas con demasiada frecuencia

Como ha visto, más allá de sus contundentes efectos frente a la contaminación es bien sabido que las vitaminas del grupo B son importantísimas para la salud mental y cerebral. 

De hecho, las vitaminas B1, B2, B3, B5, B6, B8, B9 y B12 mejoran el tratamiento de numerosos problemas psicológicos y psiquiátricos, entre ellos la ansiedad, la hiperactividad, la demencia e incluso la esquizofrenia, como han demostrado varios estudios. (4) (5) 

Estas vitaminas ejercen una acción importante sobre el ciclo de metilación, que permite tanto la producción de neurotransmisores como el mantenimiento de la capa de mielina (la cobertura grasa que envuelve y protege a las fibras nerviosas). 

Sin esta capa protectora las señales nerviosas se ralentizan y se vuelven desordenadas, lo que provoca trastornos motores, una disminución de las funciones cognitivas y cambios de humor

Por su parte, la vitamina B5 (también conocida como ácido pantoténico) ha sido reconocida incluso por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) por su contribución a mantener una función psicológica normal y por su ayuda a la síntesis de acetilcolina, mientras que la vitamina B8 favorece la comunicación entre células, permitiendo una mejor interpretación de los mensajes químicos, así como reacciones adecuadas. 

Y asimismo las vitaminas B6, B9 y B12 (en combinación con la S-adenosil metionina o SAMe) regulan la síntesis y la eliminación de los mensajeros químicos cerebrales implicados en el estado de ánimo, entre ellos la serotonina, la melatonina y la dopamina. (6) 

Es decir, que un déficit de una o más de estas vitaminas podría jugar un papel importante en la depresión. De hecho, la falta de vitamina B12 se manifiesta en particular con una sensación de confusión y problemas de memoria. (7) (8) 

Esto ha sido verificado por un estudio que ha demostrado que la toma de 800 mcg diarios de ácido fólico (vitamina B9 sintética), 500 mcg de B12 y 20 mg de B6 durante dos años ralentiza la atrofia cerebral y la destrucción neuronal observada en los enfermos de alzhéimer al disminuir los niveles de homocisteína. (9) 

Y en 2013 un estudio del mismo tipo corroboró que las vitaminas B reducen los daños infringidos al cerebro en las zonas especialmente afectadas por la enfermedad de alzhéimer. Hasta tal punto, de hecho, que en ciertas zonas la velocidad de contracción de los tejidos ¡llega incluso a dividirse por siete! (10) 


Por supuesto, existen alimentos ricos en este grupo de vitaminas cuyo consumo hay que priorizar para beneficiarse de sus efectos protectores en su forma más natural (es decir, a través de los propios alimentos, y a ser posible de producción local y orgánica). 

Sin embargo, las dosis de referencia utilizadas en los estudios científicos aquí mencionados son inalcanzables o prácticamente inalcanzables a través de la dieta. Es decir, que SÍ es muy posible que usted necesite sumar la toma de un complemento nutricional de vitaminas B a su alimentación. 

Aquí tiene un cuadro resumen con los principales alimentos ricos en vitaminas del grupo B y los aportes recomendados para cada perfil, para que tenga claro cuándo debe tomar un complemento de estas vitaminas. (10) 





Entonces, ¿necesita usted un complejo de vitaminas B?

Es su turno: le toca valorar si come la suficiente cantidad de todos estos alimentos y el nivel de contaminación del lugar en el que vive. 

Si cree que puede necesitarlo, valore la toma de un complemento de vitaminas B de buena calidad. ¡Su cuerpo y sobre todo sus pulmones se lo agradecerán! 


Fuentes:
  1. Jia Zhong, Oskar Karlsson, Guan Wang, Jun Li, Yichen Guo, Xinyi Lin, Michele Zemplenyi, Marco Sanchez-Guerra, Letizia Trevisi, Bruce Urch, Mary Speck, Liming Liang, Brent A. Coull, Petros Koutrakis, Frances Silverman, Diane R. Gold, Tangchun Wu, Andrea A. Baccarelli. “Air pollution, B vitamins, and epigenetics”. Proceedings of the National Academy of Sciences Mar 2017, 114 (13) 3503-3508; DOI: 10.1073/pnas.1618545114. 
  2. “WHO releases country estimates on air pollution exposure and health impact. New interactive maps highlight areas within countries that exceed WHO air quality limits who”. Sept. 2016. 
  3. Matt McGrath. “B vitamins may have 'protective effect' against air pollution”. Science & Environment. BBC News. March. 2017. 
  4. Firth, J., Stubbs, B., Sarris, J., Rosenbaum, S., Teasdale, S., Berk, M., & Yung, A. (2017). “The effects of vitamin and mineral supplementation on symptoms of schizophrenia: A systematic review and meta-analysis”. Psychological Medicine, 47(9), 1515-1527. doi:10.1017/S0033291717000022. 
  5. Ana Sandoiu. “B vitamins may improve schizophrenia symptoms”. Medical News Today. Feb. 2017.
  6. “Vitamin B-8 Food Sources & Benefits”. SF Gate. 
  7. Holmes JM. “Cerebral Manifestations of Vitamin-B12 Deficiency”. British Medical Journal. 1956;2(5006):1394-1398. 
  8. “Vitamin B12. Fact Sheet for Health Professionals”. National Institutes of health. US Department of Health and Human Services. 
  9. Smith AD, Smith SM, de Jager CA, Whitbread P, Johnston C, et al. “Homocysteine-Lowering by B Vitamins Slows the Rate of Accelerated Brain Atrophy in Mild Cognitive Impairment: A Randomized Controlled Trial”. (2010) PLOS ONE 5(9): e12244. 
  10. Douaud G, Refsum H, de Jager CA, et al. “Preventing Alzheimer’s disease-related gray matter atrophy by B-vitamin treatment”. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 2013;110(23):9523-9528. doi:10.1073/pnas.1301816110. 

domingo, 9 de diciembre de 2018

FITOSANITARIOS Y CONTAMINACIÓN SE ASOCIAN A ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS Y TDHA

Vivir cerca de zonas agrícolas puede aumentar el riesgo de ELA y TDAH por el uso de plaguicidas.






Dos estudios relacionan el uso de fitosanitarios y un aumento de casos de esclerosis lateral amitrófica (ELA) y de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los trabajos han sido publicados por investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Grupo de Investigación en Estadística, Econometría y Salud, GRECS, en la Universidad de Girona
Se entiende por productos fitosanitarios (plaguicidas o biocidas) los productos químicos aplicados sobre cultivos agrícolas durante la producción, utilizados desde hace mucho tiempo para prevenir, controlar o tratar enfermedades y plagas. Aunque en general el uso de esos productos está generalizado para aumentar la producción agrícola, mejorar la seguridad de almacenamiento o repeler y controlar plagas y enfermedades infecciosas, también hay pueden ser tóxicos en diferentes grados. 

Efectos nocivos de los fitosanitarios

Diversos estudios han relacionado la exposición a plaguicidas y la incidencia de diversos trastornos de la salud, como por ejemplo el cáncer, pero también –y por este orden– sobre la incidencia de enfermedades neurodegenerativas(como Alzheimer, Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica), enfermedades respiratorias (asma y bronquitis), enfermedades reproductivas (infertilidad y defectos en el nacimiento), trastornos en el desarrollo (trastorno por déficit de atención e hiperactividad y autismo) y trastornos metabólicos (diabetes y obesidad).
La exposición a plaguicidas se relaciona con enfermedades neurodegenerativas, reproductivas, respiratorias, del desarrollo y metabólicas
Ahora, el grupo de investigadores del CIBERESP y la Universidad de Girona, liderado por Marc Sáez, ha desarrollado dos nuevos estudios caso-control de base poblacional, en los que asocian la presencia de fitosanitarios (aproximada como la distancia a la zona agrícola más cercana) y la ocurrencia de ELA y TDAH. Por ello, la OMS pidió un mayor control de los plaguicidas y la prohibición de los más tóxicos.

Influencia en los casos de ELA

Los investigadores analizaron los datos de una cohorte poblacional que cubría la totalidad de Cataluña, en el período 2011-2016. “Además de la existencia de un cierto patrón geográfico en la ocurrencia del ELA, encontramos evidencia de la presencia de aglomeraciones de casos de ELA, todas ellas situadas en zonas de agricultura intensiva”, ha explica Maria Antònia Barceló, investigadora principal de este trabajo publicado en Neuroepidemiology


En estas áreas de aglomeraciones de alto riesgo de ocurrencia del ELA, además de corresponder a zonas agrícolas, se encuentran infraestructuras viarias clave con una alta densidad de tráfico. “De hecho, los resultados del modelo multivariado, cuando se controlan por posibles confusores y se modelizan interacciones, sugieren que estas aglomeraciones podrían estar relacionadas con algunos de los factores ambientales, como los productos químicos de uso agrícola y algunos contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico, particularmente los óxidos de nitrógeno, cuya fuente son los vehículos diésel”, explica la investigadora. “Nuestros resultados nos permiten plantear la hipótesis de que la exposición a altos niveles de contaminantes atmosféricos como resultado del tráfico podría aumentar el riesgo de ocurrencia de la ELA asociado a vivir cerca de zonas agrícolas”, concluye.

Plaguicidas y TDAH

En el artículo publicado en Environmental Research, se analizan datos de una cohorte poblacional de la subcomarca de La Selva interior, Girona, en el período 2005-2012. En este estudio, los investigadores también hallaron un patrón geográfico norte-sur en la ocurrencia del TDAH, identificando dos aglomeraciones con un riesgo elevado de desarrollar TDAH.
“Los resultados del modelo multivariante sugieren que vivir a menos de 100 metros de una zona agrícola o de una calle residencial y/o vivir a menos de 300 metros de una autopista o autovía o de uno de los polígonos industriales analizados estaba asociado con un mayor riesgo del TDAH”, indica el investigador Marc Saez.
En cuanto a los factores ambientales que podrían estar asociados a TDAH, los investigadores apuntan a “la exposición a pesticidas, compuestos organoclorados y contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico”.

Fuente: Diario Médico

lunes, 15 de octubre de 2018

DEPRESIÓN. INFLUENCIA DE LAS VITAMINAS Y MINERALES.

Diversos estudios epidemiológicos han encontrado menores niveles sanguíneos o de ingesta de algunos micronutrientes, como vitaminas o minerales, en pacientes con depresión en comparación con sujetos sanos. En concreto, en los niveles de vitaminas del grupo B, la D o en los niveles de magnesio, calcio o zinc. Así lo explica Almudena Sánchez-Villegas, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que va a impartir su conferencia La alimentación saludable reduce el riesgo de depresión para inaugurar el XXI Congreso Nacional de Psiquiatría, esta semana en Granada.



A esta lista, Gabriel Selva, especialista en Psiquiatría del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental(Cibersam), añade otro nutriente más: “El déficit de ácidos grasos omega 3 en la dieta puede contribuir a la aparición de síntomas depresivos”.

“Evidencias sólidas”

En lo referente a otros nutrientes, dice este psiquiatra, “hay evidencias sólidas que demuestran que la adherencia a la dieta mediterránea, con ingesta elevada de frutas, verduras, frutos secos y pobre en carnes procesadas, tiene un efecto protector sobre la depresión. El consumo de café parece tener un efecto beneficioso en su prevención”.
¿Cómo afecta la falta de vitamina D al estado de ánimo? En concreto, “algunos estudios han demostrado que niveles bajos pueden asociarse a la aparición de un mayor número de síntomas depresivos y de ansiedad, aunque no a trastornos depresivos graves. Además, tener niveles adecuados de esta vitamina ayudaría a mantener las funciones intelectuales en personas mayores”, señala Selva.
Es difícil determinar si el déficit de micronutrien-tes desemboca en depresión o si es ésta la responsable de malos hábitos alimentarios
A pesar de que hay evidencia que apunta a que el suplemento con vitamina D puede acompañarse a una mayor grado de bienestar, “no hay datos suficientes para avalar la eficacia de la vitamina D en el tratamiento de la depresión cuando la enfermedad ya está establecida”, advierte el investigador del Cibersam.



“Aunque parezcan existir ciertas deficiencias nutricionales en pacientes con depresión, la mayoría de los estudios que se han llevado a cabo no han valorado el efecto de la deficiencia en estos nutrientes sobre el riesgo de depresión. Es difícil, por tanto, determinar si el déficit de micronutrientes desemboca en depresión o si es el propio estado depresivo el responsable de la existencia de malos hábitos alimentarios y de una ingesta inadecuada de micronutrientes”, expone Sánchez-Villegas.
En su grupo de investigación valoraron si la presencia de inadecuación nutricional en al menos cuatro micronutrientes (es decir, si en al menos cuatro vitaminas o minerales no se seguían las recomendaciones nutricionales) se asociaba con desarrollar depresión a largo plazo. “Los resultados, publicados en el último número del European Journal of Nutrition, indicaron que los sujetos del estudio que no cumplían las recomendaciones nutricionales en al menos cuatro minerales o vitaminas presentaban un 37 por ciento más riesgo de sufrir depresión que aquéllos que se encontraban con valores normales de ingesta y dentro de las recomendaciones dietéticas establecidas”, cuenta la catedrática.



¿Qué hay de los omega 3?

“La ingesta de ácidos grasos omega 3 presentes en frutos secos y pescados se ha asociado con un menor riesgo de depresión, pero los resultados no son concluyentes. Aunque el funcionamiento y la estructura del sistema nervioso central dependen de estos ácidos grasos, y de la actividad de vitaminas, minerales y elementos traza, en el estudio de la etiología de la depresión se hace necesario un abordaje más amplio, donde se investiguen patrones globales de alimentación y no nutrientes concretos”, afirma Sánchez-Villegas. Algunos nutrientes pueden interactuar entre sí, por lo que resulta complejo establecer el papel real que la ingesta de un nutriente concreto presenta sobre la depresión.
La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública indica que sí parece más claro, y existe consistencia entre diversos estudios epidemiológicos de diseño riguroso, “el efecto protector que patrones globales de alimentación saludables (y que por supuesto aseguran los requerimientos nutricionales en vitaminas, minerales y ácidos grasos omega 3) tienen sobre la depresión”.
No hay datos suficientes para avalar la eficacia de la vitamina D en el tratamiento de la depresión
La recomendación que debería hacerse para mejorar la ingesta de los nutrientes mencionados, en general, y reducir el riesgo de depresión, en particular, “es la de seguir un patrón de dieta saludable rico en frutas, verduras, frutos secos y legumbres. También hay que disminuir la ingesta de alimentos ultraprocesados, como bollería industrial, comidas precocinadas o carne procesada y sustituir los hidratos de carbono (pan, pasta y arroz) refinados por productos integrales, y las carnes rojas por carnes magras y pescados”, aconseja Sánchez-Villegas.
La experta concluye transmitiendo que existe una mayor evidencia científica y tienen mayor valor desde el punto de vista de la Salud Pública los patrones de alimentación que las vitaminas o minerales en concreto.
En el caso de la vitamina D, Selva recomienda aumentar las horas de exposición al sol y las actividades al aire libre. Estos consejos son más relevantes en mayores, por sus dificultades para sintetizarla.

Artículo de Ana Callejo Mora publicado en Correo Farmacéutico

domingo, 7 de octubre de 2018

EL GLUTEN Y DIABETES TIPO I

NUEVA YORK (Reuters Health) - Cuanto más gluten consuma una mujer durante el embarazo, más propenso será su hijo a que le diagnostiquen diabetes tipo 1, de acuerdo con un estudio de cohorte prospectivo.



Los hijos de las participantes que más gluten habían ingerido durante la gestación eran dos veces más propensos a desarrollar la enfermedad que los de las mujeres que menos gluten habían consumido, según publica en BMJ el equipo de Knud Josefsen, del Instituto Bartholin del Rigshospitalet, Copenhague.
"Es un estudio que da nuevas ideas sobre cómo puede desarrollarse la diabetes tipo 1. Por ahora, no recomendamos que las embarazadas modifiquen su alimentación", agregó Josefsen.
"Hay que replicar el estudio en otras poblaciones para asegurarnos de que no se aplica sólo a los dinamarqueses que investigamos."
Los autores estudiaron 67.565 embarazos de 63.529 mujeres de la Cohorte Nacional de Nacimientos de Dinamarca para el período 1996-2002 y datos del período 1996-2016 del Registro Danés de Diabetes Infantil y Adolescente. Las mujeres respondieron cuestionarios de frecuencia alimentaria a la 25ª semana gestacional: consumían, en promedio, 13 gramos.
En 15,6 años, 247 niños (0,37 por ciento) tenía diabetes tipo 1. El riesgo de que les diagnosticaran diabetes creció de acuerdo con el consumo de gluten (razón de riesgos ajustado 1,31 por cada 10 g más de gluten).
"Hay evidencia de que el gluten podría ser parte de la patogénesis y, además, la etiología de la diabetes tipo 1", dijo Josefsen.
"Es importante saber que aunque esa relación se confirme, es probable que el consumo bajo y moderado de gluten no tenga efectos adversos claros en la salud", agregó la doctora Maija Miettinen, del Instituto Nacional de Salud y Bienestar, Helsinki, y coautora de un editorial sobre el estudio.
"Pero dada la importancia de los granos en la nutrición humana, hay que investigar si esta asociación se repite en otras cohortes."
FUENTE: BMJ, 19 de septiembre del 2018