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miércoles, 23 de junio de 2021

OMEGA 3 CONTRA LA DEPRESIÓN

Los ácidos grasos omega-3 podrían ayudar a mejorar los síntomas de la depresión gracias a sus efectos antiinflamatorios. Este hallazgo podría ayudar a desarrollar nuevos tratamientos potenciales contra este trastorno mental.

Una serie de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 podrían ayudar a reducir los síntomas de la depresión, según un estudio realizado por investigadores del Centro de Investigación Biomédica Maudsley del Instituto Nacional de Investigación en Salud (NIHR) que ha analizado sus efectos en altas dosis. Así, cuando se administran ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) omega-3 a pacientes con depresión, se metabolizan en moléculas llamadas mediadores de lípidos y los niveles de estos en la sangre están relacionados con una mejoría de los síntomas.


Concretamente, la investigación, dirigida por el King’s College de Londres se ha centrado en los cambios que se producían en las neuronas cultivadas en laboratorio y en pacientes al consumir altas cantidades de ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), ambos presentes en el pescado azul. Los resultados se han publicado en la revista Molecular Psychiatry.


                                Los participantes que tomaron suplementos 

                               de EPA y de DHA redujeron un 64% y un 71% 

                              los síntomas de la depresión, respectivamente.


La investigación se ha llevado a cabo gracias a 22 pacientes con depresión que recibieron como suplementación 3 g de EPA o 1,4 g de DHA al día durante un periodo de doce semanas. Los resultados se obtuvieron gracias al análisis de los metabolitos lipídicos de ambos ácidos en sangre e indicaron que después del tratamiento se redujeron los síntomas depresivos en un promedio de 64% en el caso de EPA y hasta un 71% en el de DHA.



“Desde hace algún tiempo sabemos que los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 pueden inducir efectos antidepresivos y antiinflamatorios pero, sin una mayor comprensión de cómo sucede esto en el cerebro humano, ha sido difícil desarrollar tratamientos. Nuestro estudio aborda los mecanismos moleculares involucrados en esta relación que pueden informar el desarrollo de nuevos tratamientos potenciales para la depresión utilizando ácidos grasos poliinsaturados omega-3“, indica la Dra. Alessandra Borsini, una de las autoras del estudio.

Y es que se ha demostrado que el aumento de los biomarcadores inflamatorios está relacionado con la depresión mayor, aunque a día de hoy no existen estrategias de terapias antiinflamatorias para solventarlo. Ahora con este estudio se abre una puerta al desarrollo de nuevos tratamientos contra este tipo de trastorno mental.

Artículo de Natalia Castejón publicado en webconsultas

martes, 8 de octubre de 2019

SUPLEMENTOS DE OMEGA 3 DE PESCADO REDUCEN EL RIESGO DE INFARTO UN 8%

Tomar a diario suplementos de ácidos grasos omega 3 procedentes del aceite de pescado puede reducir un 8% el riesgo de infarto de miocardio y de muerte por enfermedad coronaria, excepto por ictus.



Sobre los beneficios cardiosaludables de los ácidos grasos omega 3 no existe un consenso médico, y son muchos los estudios que se han realizado al respecto. Ahora, un metaanálisis ha recopilado los datos de más de una decena de trabajos científicos y concluye que, según los últimos hallazgos, las personas que tomaron a diario suplementos alimenticios de omega 3 procedente de aceite de pescado tienen menos riesgo de infarto cardíaco y de otras enfermedades cardiovasculares, en comparación con aquellas que recibieron un placebo. 
En cambio, según esta investigación, realizada en la Escuela de Salud Pública de Harvard T.H. Chan y Brigham and Women’s Hospital, el consumo de estos suplementos no redujo el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. En este metanálisis los investigadores incluyeron 13 ensayos sobre los ácidos grasos omega 3 de todo el mundo –incluidos tres de los más completos realizados hasta ahora–, que en total sumaban una población de 127477 individuos adultos.
Los resultados del trabajo, publicado en Journal of the American Heart Association, revelaron que los suplementos diarios de aceite de pescado con omega 3 reducen un 8% el riesgo de infarto cardiaco y de muerte por enfermedad coronaria. Incluso sugieren que las dosis altas proporcionan una mayor protección, y que cuando son superiores a los 840 mg por día el riesgo de enfermedad cardiovascular disminuye aún más.
Para el autor principal de este estudio, Joann Manson, sus hallazgos demuestran que, al margen de llevar una dieta sana, realizar ejercicio físico de forma regular y tener un estilo de vida saludable, los suplementos de omega 3 procedentes del aceite de pescado pueden tener un efecto protector sobre la salud cardiovascular.
Los ácidos grasos omega 3 tiene diferentes beneficios en nuestro organismo, como ayudar a prevenir la inflamación y limitar la síntesis de triglicéridos en el hígado. Sus mayores fuentes se encuentran en los peces, especialmente en las especies azules, que son las más grasas, pero según los últimos estudios sobre su consumo en España, este ha disminuido de 29,9 kg por persona y año en 2007, a 23,7 en 2017.
Los expertos afirman que para ingerir los niveles apropiados de omega 3 sería necesario tomar entre tres y cuatro raciones de pescado a la semana. Los suplementos de omega 3 tratan de suplir las carencias cuando el tipo de dieta que se sigue no permite alcanzar el mínimo de ingesta de pescado recomendada, aunque siempre deben estar prescritos por un médico.
Escrito por Caridad Ruiz para webcobsultas

miércoles, 7 de agosto de 2019

CUIDADOS DE LA PIEL CON 60 AÑOS

Si hay algo en lo que todas las personas coincidimos es en que no nos agradan los signos que el paso del tiempo deja en nuestro organismo, sobre todo en la piel. Desde la antigüedad buscamos sin cesar la fuente de la eterna juventud pero, como bien sabes, a estas alturas aún no hemos dado con el milagroso remedio que evite el proceso de envejecimiento, pero si hay una clave infalible, tengas la edad que tengas, para mitigar la huella de los años en tu cuerpo, es cuidar tu piel a diario, y mimarla para que esté siempre sana.
Nadie puede detener el paso del tiempo y sus efectos sobre la piel, pero sí hay una serie de pautas que te ayudarán a que se encuentre más sana y luzca mucho mejor. La primera es mantener la piel limpia. Para ello te recomendamos que laves bien tu rostro por la mañana y por la noche aunque, en vez del jabón habitual, es recomendable que utilices uno específico para tu tipo de piel, o bien uno enriquecido con productos naturales tales como aceite de coco o cacao.


Como parte de la limpieza de la piel del adulto mayor no podemos olvidar la exfoliación, que es una de las pautas imprescindibles que debes seguir para que tu piel esté sana. Puedes utilizar uno de los muchos exfoliantes que venden en cualquier tienda especializada, o bien elaborar uno casero a base de productos naturales como, por ejemplo, zumo de limón con azúcar, o aceite de oliva mezclado con trocitos de almendras. Para aplicarlo, masajea suavemente tu cuerpo y tu rostro con él durante unos cinco minutos, y después acláralo con abundante agua tibia. Si tu piel es normal, basta con realizar este proceso una vez a la semana; en el caso de pieles sensibles y secas, para no castigarlas, hay que realizarlo una vez cada dos semanas.
El siguiente paso sin duda es la hidratación. Recurre para ello a los numerosos productos cosméticos específicos para tu edad y tipo de piel que existen en el mercado, o bien a las cremas hidratantes habituales. Lo importante es que sigas este hábito a diario –después de haber limpiado o exfoliado la piel– aplicando la crema en el rostro, cuello y resto del cuerpo, y haciendo hincapié en aquellas zonas que notes más secas o que estén enrojecidas. Pero recuerda que la hidratación no se limita a las cremas, y que también es importante hidratar la piel desde el interior, para lo que no tienes por qué limitarte al agua, sino que puedes complementar tu hidratación con zumos de frutas o cremas de verduras, así como con compuestos naturales como la levadura de cerveza o el aceite de onagra.


Además de estos tres pasos hay otras muchas claves que te ayudarán a que tu piel no se seque y esté más tersa, hidratada y suave como, por ejemplo no fumar, reducir las horas de exposición al sol y, por supuesto, cuidar tu alimentación.
La aparición de arrugas y la flacidez de la piel son, sin lugar a dudas, los signos más evidentes del envejecimiento cutáneo, pero para entender por qué se producen lo primero es conocer la composición de nuestra piel y cómo le afecta la edad.
La piel es un órgano más de nuestro cuerpo –cuya función es defendernos de los diferentes agentes externos que nos atacan de forma negativa– y que es, además, el órgano más grande que tenemos, ya que su superficie es de hasta casi dos metros cuadrados. Cuando hablamos de la piel solemos asociarla con su capa más externa, la epidermis, pero además de ésta existen otras dos más: la dermis y la película hidrolipídica o hipodermis. En la composición de todas ellas, como en el resto de nuestros órganos, están presentes diferentes tipos de células y tejidos.
Cuando somos jóvenes lo habitual es que nuestra piel tenga una apariencia flexible y turgente. Ello se debe en gran medida a que las fibras que la componen tienen una gran capacidad de retener agua, capacidad que van perdiendo con el paso del tiempo. Como consecuencia de ello, la piel pierde hidratación, deja de estar tersa, y los surcos de expresión empiezan a marcarse, convirtiéndose en arrugas. 
Que somos lo que comemos es algo de lo que ya nadie duda. Los alimentos son fuente de numerosas propiedades beneficiosas para nuestro organismo y, por supuesto, también lo son para nuestra piel. Por ello, el cuidado de ésta pasa por una alimentación sana y equilibrada en la que puedes incluir algunos de los alimentos que te detallamos a continuación, que se consideran antiaging y buenos amigos de la piel.

Frutos rojos:

Moras, fresas, arándanos, frambuesas… Todos los miembros de la familia de los frutos rojos son ricos en antioxidantes y vitamina C. Los primeros minimizan los daños de los radicales libres que atacan las moléculas y las membranas celulares, acortando su vida y acelerando de esta forma el proceso de envejecimiento de nuestra piel; y la vitamina C, además de antioxidante, es un excelente cicatrizante natural y facilita la síntesis del colágeno.




Chocolate negro:

Ahora sí que tienes una razón contundente para comer chocolate, y es que el cacao es uno de los protectores naturales más efectivos contra los rayos UV debido a su elevada concentración de flavonoides antioxidantes.




Frutas y verduras de color amarillo, naranja, rojo y verde:

Los especialistas coinciden en que para proteger la piel nuestra dieta tiene que ser a todo color. Si ya hemos hablado de los frutos rojos y del chocolate negro, las siguientes en la lista de la compra tienen que ser las frutas y verduras de colores amarillos, naranjas, rojizos y verdes como son, entre otros, la zanahoria, el melocotón, el mango, el albaricoque, la papaya, el melón, el tomate, el kiwi, las espinacas, los espárragos o el brócoli. La razón es que todas ellas son ricas en beta-carotenos que potencian la producción de la melanina, que son las células que protegen la piel del sol y que harán que ésta luzca en verano un bonito bronceado.




Aguacate:

Entre sus numerosísimas propiedades, su alto contenido en vitaminas D y E y en minerales tales como el magnesio, hierro y calcio hacen de esta fruta uno de los aliados infalibles de nuestra piel. Prueba de ello es que no sólo se recomienda su ingesta, sino que el aguacate está presente también en la composición de numerosos productos cosméticos.




Vitaminas del grupo B:

Todas ellas influyen de forma directa en los procesos de renovación celular, en concreto, el ácido fólico (B9), la riboflavina (B2), la niacina (B3), el ácido pantoténico (B5), y la piridoxina (B6). Cada una de ellas tiene una función específica: el ácido fólico está relacionado con la renovación celular, la niacina participa en la síntesis de la queratina, la riboflavina actúa, entre otras, contra la seborrea, y la piridoxina está vinculada al metabolismo del cinc, un mineral que está presente en nuestra epidermis para protegerla de la oxidación, participar en la síntesis del colágeno, o facilitar la síntesis de la vitamina E. Por regla general, este grupo vitamínico aparece en alimentos de origen vegetal como son las frutas frescas, las verduras, los frutos secos, las legumbres, o la levadura de cerveza, y en alimentos de origen animal como el pescado, los huevos, el marisco o los lácteos.




Avena:

Los cereales son unos excelentes aliados de nuestro organismo, ya que son de los pocos alimentos que contienen todos los aminoácidos esenciales, pero en lo que a la piel se refiere la avena es el cereal rey. Ayuda a que la piel se mantenga hidratada y es el más efectivo a la hora de resolver las alergias cutáneas.




Uvas:

El resveratrol es uno de los antioxidantes más potentes que existen en la naturaleza; además de esto, las uvas retrasan la aparición de los signos del envejecimiento porque protegen el colágeno y la elastina de la piel.




Algas:

Los oligoelementos, minerales y vitaminas presentes en las algas benefician a nuestra piel protegiéndola de los agentes externos y previniendo las infecciones. Al igual que el aguacate, son muchos los cosméticos elaborados a partir de ellas.




Ácidos grasos omega-3:

Evitan la deshidratación y son agentes antiinflamatorios. Los ácidos grasos omega-3 están presentes en los pescados azules (atún, caballa, salmón o sardinas) y en las nueces, la soja, o el germen de trigo.



viernes, 22 de febrero de 2019

INFLUENCIA DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA 3 EN LA OBESIDAD

Los ácidos grasos en sangre y algunos microorganismos presentes en las heces y, por tanto, en el intestino, parecen desempeñar un papel importante en la regulación del peso corporal, hasta ahora desconocido, actuando de forma sinérgica en relación con el resto de factores relacionados con la dieta.

Así lo ha visto un equipo de investigación de la Universidad de Oviedo, en colaboración con el Instituto de Productos Lácteos (IPLA), organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en un trabajo que acaba de ser publicado en la revista Food Research International.
Los investigadores han visto que las personas con un mayor consumo de alimentos con omega 3, como los pescados grasos, presentan mayores concentraciones en sangre de ácido eicosapentaenoico (EPA) y, a la vez, menor riesgo de obesidad, según destaca Sonia González, profesora de la Universidad de Oviedo y coordinadora del estudio.
González recuerda que la obesidad es un grave problema de salud pública cuya incidencia se ve incrementada a un ritmo vertiginoso y que “el abordaje tradicional, centrado en el impacto de uno o varios componentes dietéticos sobre el peso corporal, parece insuficiente para dar respuesta a este problema”.

Explorar nuevas vías

Ante este panorama se ha visto necesaria la búsqueda de nuevas vías que permitan explicar la relación entre la dieta y la obesidad; de ahí la línea de investigación iniciada por este equipo multidisciplinar de la Universidad de Oviedo. La determinación de los ácidos grasos libres en suero ha sido realizada por especialistas del Área de Inmunología, mientras que los investigadores del IPLA procedieron al análisis de los microorganismos presentes en heces, que son un reflejo de los microorganismos presentes en el intestino. “En el grupo Dieta, Microbiota y Salud del ISPA, realizamos la puesta a punto de todo el proceso y analizamos la implicación de la dieta, con especial atención en el papel de los ácidos grasos y de los componentes de la microbiota intestinal, en el peso y la obesidad”.
Para la integración de todas estas variables se aplicaron procedimientos de inteligencia artificial, coordinados por Susana Díaz, del Departamento de Ingeniería Artificial de la Universidad de Oviedo. Esto ha sido clave para establecer unas ecuaciones a través de las cuales se pueden definir unos puntos de corte deseables de estos ácidos grasos en sangre y de estos microorganismos, lo que resulta de interés para futuros proyectos de intervención que verifiquen los resultados. En el estudio fueron incluidos 66 casos.
”Vimos que los individuos con una mayor ingesta de pescado graso y, por tanto, de ácidos omega 3, presentaban mayores niveles de ácido eicosapentaenoico y menos riesgo de obesidad, con cambios en la población bacteriana. Y vimos también como dato interesante diferencias entre hombres y mujeres, con poblaciones bacterianas diferentes. Por ejemplo, observamos que en el caso de las mujeres con normopeso las concentraciones de bifidobacterias eran mayores”.
Este trabajo puede tener aplicación directa en el diseño de estrategias frente a la obesidad y el sobrepeso, “evitando la restricción en el consumo de determinados alimentos, como los pescados grasos que tienden a eliminarse de las dietas hipocalóricas combinados con diferentes probióticos de manera personalizada. Quizá haya que tener en cuenta aspectos cualitativos de la dieta, no solo cuantitativos, o bien pensar en determinados suplementos”, señala Sonia González.
Y es que las grasas consumidas con la dieta procedente del pescado pueden tener un efecto beneficioso de manera independiente de las calorías que aportan, “para lo cual ha de estar supervisada médicamente y ajustada a las necesidades de cada persona, de acuerdo con su metabolismo y, como se ha señalado, acorde con su condición de hombre o de mujer”, indica esta especialista, quien explica que, además, el efecto del pescado graso puede mejorarse con el consumo de algún probiótico.

Impacto en obesidad

El papel de los ácidos omega 3 en la prevención cardiovascular, así como en el estrés oxidativo y en la inflamación, es ya bien conocido; sin embargo, en la modificación de la microbiota intestinal y en la obesidad había pasado hasta el momento más desapercibido; “de ahí el interés de seguir profundizando en su estudio para incorporarlos a las estrategias de abordaje de la obesidad”. La Universidad de Oviedo ha iniciado ya un estudio para observar el impacto de estos factores en la obesidad mórbida.
El trabajo actual, financiado por la Fundación Alimerka y las Ayudas Grupin, forma parte de la tesis doctoral de la investigadora Tania Fernández Navarro, del área de Fisiología del Departamento de Biología Funcional de la Universidad de Oviedo.
Artículo de Covadonga Díaz publicado en Diario Médico.

martes, 22 de enero de 2019

TOMAR OMEGA 3 EN EL EMBARAZO MEJORA LA FLORA INTESTINAL DEL BEBÉ

Una mayor ingesta de grasas omega 3 durante el embarazo y la lactancia podría favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino del bebé y contribuir a que mantenga un peso saludable.





La alimentación durante el embarazo es importante para la salud de la madre y el feto pero, además, el tipo de alimentos que incluye la dieta de la embarazada también puede afectar a la composición de la flora intestinal de los descendientes, y un nuevo estudio que se acaba de publicar en Microbiome, ha revelado que el consumo de omega 3 durante la gestación puede contribuir a mejorar la microbiota del bebé.
Los autores del estudio, investigadores del Hospital General de Massachusetts (EE.UU.) y del University College Cork (Irlanda), han descubierto que un adecuado equilibrio entre el consumo de grasas omega 3 y omega 6, con una mayor ingesta de las segundas, tanto durante el embarazo, como durante la lactancia, puede contribuir a que los hijos mantengan un peso saludable, así como favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas en su intestino y que sus órganos digestivos estén más sanos.
La investigación se realizó con ratones transgénicos que habían sido modificados para producir grasas omega 3 de forma natural –a diferencia de otros mamíferos como los seres humanos que necesitamos obtener estas grasas de los alimentos–, a los que compararon con otros ratones que no podían producirlas. A todos los animales se les administró la misma dieta, y únicamente se diferenciaban por los niveles de omega 3  en el tejido corporal.
Las crías que descendían o habían sido amamantadas por hembras con mayores niveles de grasas omega 3 tenían una microbiota intestinal más saludable
Se observó que los órganos de los descendientes de las hembras que tenían más grasas omega 6 en el cuerpo durante el embarazo o la lactancia eran más permeables, es decir, que la barrera de las células intestinales era más porosa –lo que conllevó el incremento de una sustancia química inflamatoria denominada proteína de unión a lipolisacáridos–, y que además presentaban una mayor cantidad de bacterias menos saludables en el intestino.

Las grasas omega 3 pueden ayudar a prevenir la obesidad

Por el contrario, las crías que descendían o habían sido amamantadas por hembras con mayores niveles de grasas omega 3 en su organismo tenían una microbiota intestinal y un intestino más sano. Además, se comprobó que la presencia de las grasas beneficiosas en la leche materna tenía un efecto incluso mayor sobre las crías, de forma que las que fueron amamantadas por las ratonas transgénicas tenían una ratio significativamente menor de grasas omega 6/omega 3 que las alimentadas por hembras normales.
Respecto al peso de las crías, era similar cuando fueron destetados, pero tras tres meses siguiendo una dieta alta en grasas, los ratones macho alimentados por las hembras que no habían sido modificadas genéticamente engordaron más que aquellos que, pese a ser descendientes de estas, habían sido amamantados por las que tenían más omega 3 en el organismo. Esta diferencia en la ganancia de peso no se apreció en el caso de las crías hembra.
Como ha explicado Jing X. Kang, profesor asociado de Medicina en la Harvard Medical School, y uno de los autores del estudio, sus hallazgos sugieren que un mayor consumo de grasas omega 3 (que contienen alimentos como el pescado azul, algunas semillas, o las nueces), y menor de omega 6, durante el embarazo y la lactancia, puede ser beneficioso para la flora intestinal de los hijos y ayudar a prevenir la obesidad infantil, por lo que es necesario realizar nuevos estudios con el objetivo de intervenir sobre esta microbiota, cuya composición se sabe que puede tener un gran impacto sobre la obesidad.

lunes, 15 de octubre de 2018

DEPRESIÓN. INFLUENCIA DE LAS VITAMINAS Y MINERALES.

Diversos estudios epidemiológicos han encontrado menores niveles sanguíneos o de ingesta de algunos micronutrientes, como vitaminas o minerales, en pacientes con depresión en comparación con sujetos sanos. En concreto, en los niveles de vitaminas del grupo B, la D o en los niveles de magnesio, calcio o zinc. Así lo explica Almudena Sánchez-Villegas, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que va a impartir su conferencia La alimentación saludable reduce el riesgo de depresión para inaugurar el XXI Congreso Nacional de Psiquiatría, esta semana en Granada.



A esta lista, Gabriel Selva, especialista en Psiquiatría del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental(Cibersam), añade otro nutriente más: “El déficit de ácidos grasos omega 3 en la dieta puede contribuir a la aparición de síntomas depresivos”.

“Evidencias sólidas”

En lo referente a otros nutrientes, dice este psiquiatra, “hay evidencias sólidas que demuestran que la adherencia a la dieta mediterránea, con ingesta elevada de frutas, verduras, frutos secos y pobre en carnes procesadas, tiene un efecto protector sobre la depresión. El consumo de café parece tener un efecto beneficioso en su prevención”.
¿Cómo afecta la falta de vitamina D al estado de ánimo? En concreto, “algunos estudios han demostrado que niveles bajos pueden asociarse a la aparición de un mayor número de síntomas depresivos y de ansiedad, aunque no a trastornos depresivos graves. Además, tener niveles adecuados de esta vitamina ayudaría a mantener las funciones intelectuales en personas mayores”, señala Selva.
Es difícil determinar si el déficit de micronutrien-tes desemboca en depresión o si es ésta la responsable de malos hábitos alimentarios
A pesar de que hay evidencia que apunta a que el suplemento con vitamina D puede acompañarse a una mayor grado de bienestar, “no hay datos suficientes para avalar la eficacia de la vitamina D en el tratamiento de la depresión cuando la enfermedad ya está establecida”, advierte el investigador del Cibersam.



“Aunque parezcan existir ciertas deficiencias nutricionales en pacientes con depresión, la mayoría de los estudios que se han llevado a cabo no han valorado el efecto de la deficiencia en estos nutrientes sobre el riesgo de depresión. Es difícil, por tanto, determinar si el déficit de micronutrientes desemboca en depresión o si es el propio estado depresivo el responsable de la existencia de malos hábitos alimentarios y de una ingesta inadecuada de micronutrientes”, expone Sánchez-Villegas.
En su grupo de investigación valoraron si la presencia de inadecuación nutricional en al menos cuatro micronutrientes (es decir, si en al menos cuatro vitaminas o minerales no se seguían las recomendaciones nutricionales) se asociaba con desarrollar depresión a largo plazo. “Los resultados, publicados en el último número del European Journal of Nutrition, indicaron que los sujetos del estudio que no cumplían las recomendaciones nutricionales en al menos cuatro minerales o vitaminas presentaban un 37 por ciento más riesgo de sufrir depresión que aquéllos que se encontraban con valores normales de ingesta y dentro de las recomendaciones dietéticas establecidas”, cuenta la catedrática.



¿Qué hay de los omega 3?

“La ingesta de ácidos grasos omega 3 presentes en frutos secos y pescados se ha asociado con un menor riesgo de depresión, pero los resultados no son concluyentes. Aunque el funcionamiento y la estructura del sistema nervioso central dependen de estos ácidos grasos, y de la actividad de vitaminas, minerales y elementos traza, en el estudio de la etiología de la depresión se hace necesario un abordaje más amplio, donde se investiguen patrones globales de alimentación y no nutrientes concretos”, afirma Sánchez-Villegas. Algunos nutrientes pueden interactuar entre sí, por lo que resulta complejo establecer el papel real que la ingesta de un nutriente concreto presenta sobre la depresión.
La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública indica que sí parece más claro, y existe consistencia entre diversos estudios epidemiológicos de diseño riguroso, “el efecto protector que patrones globales de alimentación saludables (y que por supuesto aseguran los requerimientos nutricionales en vitaminas, minerales y ácidos grasos omega 3) tienen sobre la depresión”.
No hay datos suficientes para avalar la eficacia de la vitamina D en el tratamiento de la depresión
La recomendación que debería hacerse para mejorar la ingesta de los nutrientes mencionados, en general, y reducir el riesgo de depresión, en particular, “es la de seguir un patrón de dieta saludable rico en frutas, verduras, frutos secos y legumbres. También hay que disminuir la ingesta de alimentos ultraprocesados, como bollería industrial, comidas precocinadas o carne procesada y sustituir los hidratos de carbono (pan, pasta y arroz) refinados por productos integrales, y las carnes rojas por carnes magras y pescados”, aconseja Sánchez-Villegas.
La experta concluye transmitiendo que existe una mayor evidencia científica y tienen mayor valor desde el punto de vista de la Salud Pública los patrones de alimentación que las vitaminas o minerales en concreto.
En el caso de la vitamina D, Selva recomienda aumentar las horas de exposición al sol y las actividades al aire libre. Estos consejos son más relevantes en mayores, por sus dificultades para sintetizarla.

Artículo de Ana Callejo Mora publicado en Correo Farmacéutico

lunes, 9 de octubre de 2017

GRASAS TRANS Y AUMENTO DE PESO EN SABER VIVIR DE TVE1 31-08-17

Muy pocas personas saben lo que son las grasas trans y el perjuicio para la salud. Esto lo desarrollo junto a Silvia Jato en el chiringuito de Saber Vivir. En la mesa del plató contamos con la endocrinóloga Pilar Riobó para hablar de los kilos que hemos cogido en el verano sin darnos cuenta.








domingo, 16 de julio de 2017

REMEDIO SENCILLO PARA LA INFLAMACIÓN ARTICULAR

Las personas que padecen artritis reumatoide podrían mejorar algunos síntomas de su enfermedad, como la inflamación y el dolor de las articulaciones, comiendo pescado al menos dos veces a la semana.






Mejorar los síntomas de la artritis reumatoide podría ser posible con solo tomar pescado dos veces a la semana, según revela un nuevo estudio que pretendía aportar una manera natural de tratar a los pacientes con esta enfermedad crónica de origen inmune, que se caracteriza por la inflamación de ciertas articulaciones, lo que provoca un gran dolor a los afectados.
El alivio de los síntomas de la artritis reumatoide se atribuye a la cantidad de omega 3 que contiene el pescado, y que actuó como un antiinflamatorio natural de las articulaciones
Investigaciones realizadas con anterioridad ya aseguraban que los suplementos de aceite de pescado resultaban beneficiosos para los pacientes con artritis reumatoide, pues son una buena fuente de ácidos grasos omega 3, un potente antiinflamatorio natural. Sin embargo, este ha sido uno de los primeros estudios en los que se valoran las implicaciones del consumo real de algunos tipos de pescado entero, y sus resultados han mostrado evidencias de mejoras en la inflamación y sensibilidad de las articulaciones afectadas por la enfermedad. Un avance positivo que resultó ser gradual, ya que cuanto más se incrementaba la cantidad de peces ingeridos a la semana, más disminuía la actividad de la artritis.

En este trabajo, que ha sido publicado en Arthritis Care & Research, solo se han tenido en cuenta los productos del mar que se prepararon crudos, al vapor, a la parrilla, o al horno, especialmente los que contienen grandes cantidades de omega 3, como el atún, el salmón y las sardinas. Se estableció este criterio al considerar que el pescado frito pierde durante su preparación gran cantidad de este ácido graso beneficioso, principal agente antiinflamatorio que favorece la desinflamación de las articulaciones de los pacientes con artritis.
Para llegar a esta conclusión, se analizaron los hábitos alimenticios de 176 personas con esta enfermedad durante un año, y se hizo un seguimiento exhaustivo de sus síntomas mediante cuestionarios. Los investigadores han declarado que, aunque las pruebas solo se hayan realizado en pacientes con artritis, el pescado es un alimento muy beneficioso para el organismo de cualquier persona, y por ello instan a elevar su consumo en los hogares.